Abandonando estereotipos en Kosovo

Abandonando estereotipos en Kosovo

Es difícil tener una presunción de lo que nos espera en un destino semejante sin tener que recurrir a la eventualidad del ojo mediático que todo lo envilece. Googleando el nombre del país lo único noticioso que aquí ocurre son hechos de violencia entre serbios y albaneses, acompañado de una rasa corrupción en su clase gobernante y empresarial; atentados dirigidos a particulares o bien trifulcas políticas son el convite que diarios españoles me podían dar, sino es que hacen hincapié en las variadas estadísticas que posicionan a Kosovo como una tragedia del mundo moderno.

Pero cierto es que nosotros también sufrimos la implacabilidad de ese mismo fenómeno, que hasta llegar aquí nos sesgaba el juicio, aunque en el sentido inverso. Atravesando a medianoche la frontera albano-kosovar nos frenaría un brusco recibimiento al mejor estilo road movie de Hollywood; habíamos alcanzado al fin el tan ansiado estado de placidez en el sueño cuando, al momento del habitual chequeo de pasaportes, los policías que patrullaban el lugar, ante la sorpresa de los allí presentes, nos hicieron descender únicamente a nosotros dos del micro, a partir de que descubrieron que Kathy tenía pasaporte colombiano.

Iniciando la celebración del décimo aniversario del país.

Era absurdo como esos individuos, quizás en pos de llevarse algún reconocimiento al mérito, nos trataran como si no hubiera lugar a duda que buscábamos traficar cocaína, derivando su lógica en que la transportábamos desde Colombia, sin importar que hiciera más de un año y medio que no pasábamos por allí, y eso pudieran verificarlo en los sellos de nuestro pasaporte. Es así como primero pasaron nuestras mochilas a través de una máquina de rayos X. Entre un estorbante cuestionamiento acerca de por que llevábamos viajando tanto tiempo y sobre como lográbamos financiarnos para tales fines, y no contentos con el primer rastreo, procedieron a abrirlas de par en par, mientras otros policías se acercaban a la escena ante la eventualidad del hecho,y no decidieron darse por vencidos en su afán de encontrar pruebas incriminatorias hasta que nos realizaron un último cacheo a ambos cual si aún guardaran esperanzas de agarrarnos con las manos en la masa.

Pristina, capital de Kosovo

Por suerte el incomodo episodio no quedo mas que en anécdota, se despidieron esbozándonos unas disculpas y seguimos rumbo a Pristina, donde nos sorprendería la calidez y buena disposición de su gente hacia el extranjero, ni rasgos del caos y la violencia que día tras día las noticias se encargan de proyectar en el inconsciente colectivo. El patrón que al menos en esta ocasión comprobamos que se repite tanto en Kosovo, en Sudamérica y en el resto del mundo es el acoso de las fuerzas públicas hacia cualquier sujeto vulnerable.  Y aunque mi perspectiva tampoco deja de ser solapada, ya que pasar un par de semanas o varios meses en un destino nunca se comparara con ser un ciudadano del lugar, puedo dar fe que al menos aquí en los Balcanes el terror lejos esta de sentirse.

 

One Response

  1. Lamentablemente la estigmatización, tanto de esos países balcánicos como violentos y terroríficos, como de Colombia respecto a la droga.
    Es una lástima que lo bueno, que siempre es más, se olvide a cambio de rumores dañinos fundados solo en casos que no son la mayoría.
    Pero bueno, así como Pablo y Kathe han podido verificar por sí mismos la realidad hermosa de esos lugares distantes de nuestro continente, también extranjeros lejanos llegan a Colombia y descubren la belleza mágica que atrapa, por su gente, por sus paisajes, por su gran variedad de fauna y flora, por su comida… temas que nada tienen que ver con la droga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *