Llegamos con la vaca

Llegamos con la vaca

Llegamos a Tivat, un poco después de media noche y tras 9 horas en bus, así que no nos percatamos de muchos detalles del que sería nuestro nuevo hogar, hasta el día siguiente. Estaremos haciendo un voluntariado en una granja, en casa de una familia rusa: papá, mamá y tres hijos, que vinieron a vivir aquí hace poco más de ocho años, cambiando una vida acomodada en San Petesburgo, por lo que inicialmente fue una casa de verano en la costa de Montenegro.

Este tipo de decisiones, para muchos, no son fáciles de entender. Pero después de pasar algún tiempo en su casa, hablar con ellos, escuchar historias, ver como crecen sus hijos, que aún llegan con las rodillas llenas de tierra después de jugar afuera. Pero sobre todo cuando empiezas a aprender de ellos, empiezas también a entender un poco más.

El segundo día aquí, fue el primero para un montón de cosas nuevas para nosotros:

Fue la primera vez que ordeñamos cabras. Hablar en plural es mucho decir, porque mientras que los nenes de 11 años ordeñaban tres o cuatro, nosotros no habíamos terminado con la primera.

Fue la primera vez que pastoreamos solos 14 de las cabras que hay en la granja, el primer día en niño mayor nos había mostrado como hacerlo y al día siguiente nos lanzaron a nosotros solos con ellas. Es increíble lo que puedes aprender de un animal, absolutamente desconocido para ti, con solo caminar a su lado y tener el tiempo para observarlo.

Fue la primera vez que sentados a la mesa, durante la cena, una nena de 11 años nos dice, con mucho orgullo y una gran sonrisa, que el pavo que estamos comiendo era de ella. Quedamos un poco sorprendidos, miramos a su madre, quien nos explica que la niña fue quien alimento y cuido al pavo durante casi seis meses.

También hubo una primera vez para nuestros anfitriones, pues con nosotros llego la compra de su primera vaca, y ese día trajeron un animal de casi 600 kilogramos. A la noche estábamos todos alrededor de la vaca mientras que la ordeñaban por primera vez, poniéndole agua y comida para que no se moviera, pero sobre todo como espectadores de un gran evento.

Fue la primera vez que, en lugar de cenar con cerveza, vino o agua, lo hicimos con vodka, pues en Rusia es tradición que cuando la familia obtiene algo que había estado buscando por algún tiempo se brinda, varias veces al día, por supuesto, con vodka. Así que lo hicimos por la vaca. Aún no la ordeñamos y no sabemos si lo vamos a llegar a hacer, pues hasta ahora sigue siendo el juguete nuevo de la familia y el evento de cada día. Mientras tanto nosotros seguiremos entrenando con las cabras y disfrutando de la vida en la granja.

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