Los viajes nos cambian

Los viajes nos cambian

“Los viajes cambian a las personas” esa es una afirmación que en los últimos tiempos he leído y escuchado mucho o a lo mejor la misma cantidad que antes, solo que ahora estoy con todos los sentidos puestos en viajar, en seguir viajando, en volver a empacar la maleta.

Y es que desde que viaje por primera vez con una mochila en los hombros, junto con mi mejor amiga, algo cambió. Ecuador era nuestro destino y recuerdo que antes del viaje tenía mis dudas frente a no tener un itinerario, quedarnos en habitaciones de hostales que se compartían con gente desconocida, o en llevar menos ropa para un viaje de 20 días y diferentes climas, de lo que solía hacerlo para uno de una semana y una misma temperatura. También fue en ese viaje cuando hice mi primer couchsurfing (plataforma que conecta viajeros con locales para hospedarse en sus casas o generar un intercambio cultural) y empecé a darme cuenta de que hay gente que está dispuesta a abrirte las puertas de su casa sin ningún interés monetario.

Ya en el aeropuerto al aterrizar en Quito me sentía diferente, pero solo fui consciente de ello a medida que los días pasaron. Había menos prejuicios o preocupaciones. Estaba más abierta a lo que pudiera venir y a la gente que apareciera en el camino. Y no sé si fueron las altas montañas, la inmensidad de los volcanes, el sincretismo con el que nos encontrábamos a cada paso, sobre todo en la sierra del país.  O tal vez fue conocer a quien es hoy mi esposo, en uno de los tantos hostales en los que nos quedamos.

 

Con Majo de camino al Cotopaxi

Con Majo en el Cotopaxi – Ecuador.

Un día antes de nuestro vuelo de vuelta a Bogotá y seis días después de haber llegado a un pequeño pueblo de la costa, se hizo el click en mi cabeza y lo que era un viaje de 20 días se convirtió en casi cuatro meses. La decisión llego de pronto sin mucha meditación, simplemente me sentía tranquila, feliz, plena, creo que después de mucho tiempo estaba haciendo algo porque era realmente lo que quería hacer sin importar el que dirán o las posibles consecuencias que pueda acarrear.

Al quedarme sola, me di cuenta que al viajar nunca estas completamente solo, pues todo el tiempo estas conociendo gente y estas más abierto a generar lazos, algunos más duraderos que otros, pero sobre todo empecé a disfrutar de la soledad, de la simplicidad de la vida y de la felicidad que puede generar el simple hecho de estar en un lugar. Mis pertenecías se reducían a lo que cabía en el morral, menos que con lo que salí de Bogotá pues un par de blusas y un pantalón se perdieron en el camino, y aunque era poco sentía que no necesitaba más. Aprendí a estar conmigo, a disfrutar del sonido de las olas, a pasar días enteros sin mirar el celular y a disfrutar cada instante. Muchas veces en la premura del día a día nos olvidamos de escucharnos. Yo creo que Ayampe me dio la oportunidad de empezar a escucharme con más atención y de darme cuenta que muchas de las cosas o situaciones que en algún momento creí necesarias, no lo son y por supuesto hacen parte del camino y las disfrutaré mientras estén, pero dejaron de ser el objetivo.

El camino hacía el centro del Quilotoa – Ecuador

Después de Ayampe, ya no solo fueron las montañas, los volcanes, el sincretismo o el conocer al amor de mi vida, a eso se sumaron que mi hermana viajó y estuvo conmigo dos meses, el enfrentar el miedo al mar con una tabla de surf, aunque no logré pararme más de dos veces, cuando remaba tratando de alcanzar la ola éramos solo el mar y yo (bueno debo decirlo, también Carolina, mi profesora de surf); también fueron las noches de mujeres bajo la luna llena o cada uno de los atardeceres que esperaba ansiosa al final del día y seguramente también el nadar en medio del plancton a media noche.

Gonza, Kathy, Majo, Pablo y Masaaki en el Amazonas-Ecuador

Niños de la comunidad Shuar – Ecuador

Mi viaje a Ecuador cambió algo dentro de mí, cambió mi forma de ver el mundo, pero sobre todo me genero una pequeña adicción a los viajes, a siempre querer descubrir algo nuevo y a sorprenderme con los pequeños detalles de la vida, a empezar a entender que no siempre es “mejor o peor” simplemente cada lugar y costumbre es algo nuevo y diferente.

No importa cómo se decida viajar ni el destino, o si debes tomar un vuelo con largas escalas o solo te alejas unos cuantos kilómetros de tu ciudad. Lo cierto es que entre más largo sea el viaje, entre más cosas nuevas experimentes, entre más te expongas, llegues a tus límites y salgas de tu zona de confort, más te cambiara el viaje.

Ahora llevamos 8 meses planeando esta nueva ruta. Un viaje que implica cargar nuestro hogar en una mochila. Cada día es un día más tachado en el calendario para que llegue la fecha de partida, cada día hay más ansiedad, más curiosidad, pero también más seguridad, esa que sientes cuando sabes que estas a punto de hacer lo que realmente te hace feliz. No sabemos cuánto va a durar, seis meses, un año o más. No sabemos si habrá algún momento en que queramos darnos por vencidos, en que ya no nos haga tan felices o los planes cambien, lo único cierto es que no nos vamos a quedar con la duda y el camino de esta nueva vida nómada se irá transformando junto con nuestra propia transformación.

2 Reviews

  1. Aunque no he viajado mucho, siempre he pensado que el mundo es muy grande para permanecer en un solo lugar. Su hogar será cualquier espacio donde estén, donde cubiertos por un cielo estrellado o un sol brillante, permanezcan juntos mirando hacia el siguiente camino.

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