Sevilla, alma de Andalucía

Sevilla, alma de Andalucía

A Sevilla los españoles la distinguen entre sus pares capitalinas por dos cuestiones bien marcadas, una es el deje arábigo en su arquitectura, del que la han dotado los musulmanes, conocido propiamente como estilo mudéjar; la otra por su calor en extremo agobiante, con temperaturas que rondan entre los 20 y los 35°C a lo largo de más de la mitad del año. Fue la primera de las ciudades europeas en la que nos establecimos, durante el mes que duro nuestra visita alcanzamos a generar una suerte de cercanía afectiva, nos han quedado solo algunos rincones por los cuales no hemos transitado, entre ellos algunas de sus mayores atracciones turísticas como el Real Alcázar, por motivo de vernos, a cada oportunidad en que nos disponíamos a ingresar, en una especie de fila inmóvil, entre contingentes de turistas, en su mayoría orientales, que por encontrarse en condiciones favorables en lo económico gozaban de prioridad para ingresar, haciendo la espera interminable; tampoco visitamos su renombrada Plaza de Toros, aunque en este caso por una cuestión ideológica de no apoyo a la tauromaquia ni asombro por su parafernalia.

Pero para agasajo de los que priorizamos las escenas cotidianas de los lugares por sobre sus circuitos turísticos, a la ciudad le brinda resplandor su gran número de parques (como el María Luisa, del que destacan sus estanques y glorietas, o el Prado San Sebastián)  y un bonito casco histórico, que comprende distintos barrios, cada uno de ellos con su atmosfera característica, Santa Cruz con sus iglesias, conventos y palacios entre callecitas estrechas,  el inquieto barrio de Alfalfa es sinónimo de esparcimiento y cultura popular; aunque también en este aspecto vale mencionar a la Alameda de Hércules como otro de los de mayor fervor nocturno. Pero si nos referimos a barrios que esbocen una identidad, no puedo pasar por alto a Triana, nicho de manifestaciones culturales y atractivas propuestas gastronómicas. En otra categoría nombraría a la ecléctica Plaza España que, por su fisonomía y la ornamenta heráldica que le da celebridad, te deleita con tan solo poner un pie allí.

Vista de La Giralda iluminada.

De la historia iniciática podría mencionarse que los fenicios fueron los primeros en arribar a esta región, pero luego de las guerras púnicas en el año 146 ac., que proclamaron vencedor al Imperio Romano los mismos la convirtieron en uno de las cien colonias en que se dividió La Bética, una de las provincias que formaban parte de Hispania. Luego durante la Edad Media quedo en manos de los árabes, y posteriormente hacia el 1248 dc. de los cristianos. Todas estas etapas de conquista se ven reflejadas en la estructura de la Giralda, el monumento más imponente de Sevilla, cuya estructura y  data del periodo musulmán, las piedras basales son vestigios de la civilización romana y la cúpula fue agregada por los católicos; a pesar de su esplendor no se trata del punto más alto, ya que dicha condición se la arrebató la polémica Torre Sevilla, diseñada por el arquitecto argentino Cesar Peli, de la cual casi ningún sevillano siente orgullo por la poca mimetización que presenta con el rasgo urbanístico que prevalece en la ciudad. Otra sublime estructura que permanece desde la época anterior a que Fernando III tome la ciudad, dando comienzo a la etapa católica, es la Torre de Oro, antaño centinela de la ciudad, en los márgenes del rio Guadavalquir.

 

Torre Sevilla – diseñada por el arquitecto argentino Cesar Peli.

Su época de gloria la marco el hecho de ser designada en el año 1503 como sede de la Casa de Contrataciones, que sería el órgano encargado de llevar un control de todo el comercio de las Indias. Además fue uno de los puertos de mayor relevancia de la región, antes de verse excedido en su capacidad por el tamaño de las naves que allí llegaban. Otros acontecimientos históricos que dejaron su raigambre aquí fueron las exposiciones del año 1929 y 1992, ocasiones ante las cuales la ciudad deja su configuración árabe y medieval y se configura como la metrópoli con grandes avenidas y espacios públicos que es hoy en día.

Además de longeva y variopinta, Sevilla hace gala de ser la cuna del flamenco y hasta de poseer su folclore: las sevillanas son coplas y danzas que enaltecen los atributos de esta ciudad cargada de pasiones y de una suntuosa belleza. Como experiencia no se puede dejar de vivir, al menos por única vez, una recorrida nocturna por sus bares, sitios en los que realmente se respira, entre cañas y guitarras, esta pasión autóctona que manifiesta la genuina esencia española.

 

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