Una noche en Liubiana

Una noche en Liubiana

Eslovenia es uno de esos países que, de no haber sido por los 90/90 (90 días adentro y 90 días afuera del territorio Schengen) habría estado bastante lejos en nuestra lista de prioridades, y no porque no haya nada que ver o sea poco interesante, sino más bien por ignorancia y porque en general no está en la ruta de “lo que tienes que ver en tu primer viaje a Europa”. Y debo decir que, si bien en algún momento renegué por tener que limitarnos con el tiempo y hacer nuestra ruta en función de estas reglas migratorias, cada día me sorprenden gratamente esos destinos que de otra forma no estarían en nuestro mapa.

La noche que llegamos a la Liubiana salimos a cenar con unos amigos argentinos, Gustavo y Ani, que estaban allí hace un mes. La noche empezó bastante bien, buena comida, buena cerveza, buen servicio y lo mejor a la mitad de precio de lo que veníamos pagando en Verona. Ya entrados en calor y con ganas de más cerveza fuimos a conocer Metelkova, posiblemente uno de los lugares más bizarros que había visto en mi vida. Metelkova es una serie de edificios que había sido sede de un cuartel militar de la antigua Yugoslavia, y a principios de los noventa fue tomado por artistas para evitar su destrucción. En la actualidad reúne galerías de arte, bares, espacios para diseñadores y muestras musicales. Se podría decir que es donde se reúne la cultura alternativa de Eslovenia.

 

Al final de la noche terminamos en un pub en el centro de la ciudad tomando un par de cervezas más. Ya en algún momento, Ani me había comentado que por lo general la gente de Eslovenia, Croacia y Bosnia si bien no hablan español suelen entender muy bien si te escuchan hablar. Y sería muy fácil de explicar si aparte de su lengua natal hablaran italiano o alemana, por la cercanía geográfica, o ingles por practicidad; como sucede en muchos países europeos. Pero el español les llego por cable y fue por medio de las telenovelas que fueron aprendiendo nuestro idioma.

 

Dragon bridge ljubljana

No había pasado ni una hora de esa conversación, cuando se acerco un esloveno, que no llegaría a los 25 años, a nuestra mesa nos miró y nos dijo —Yo entiendo todo lo que dicen—, nos preguntó de dónde veníamos y al decir Colombia estaba preparada para que me preguntarán sobre Pablo Escobar, la coca, el proceso de paz, Shakira o a lo mejor James o Falcao, pero no fue así y por el contrario empezó a hacer un movimiento con el cuerpo, lanzaba el torso hacia adelante y levantaba los pies hacía atrás, yo no tenia ni la menor idea de que estaba hablando cuando de pronto Pabli le dice —¿Higuita? — Y este hombre emocionado dice —si Higuita, Higuita buenísimo—, después nombro al Pibe, Batistuta y Verón. Todo esto en un muy buen español; para terminar cantando “Esmeralda en tus ojos la noche y el día uno son, Esmeralda…” La canción de una novela mexicana, una de las tantas que llegaron a este país y con las que aprendieron español.

Después, tan improvisto como llego a nuestra mesa se volvió a ir, pero para nosotros ese fue el tema de conversación del resto de la noche.

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